Crónicas

ALCORTA: HISTORIAS DE LA QUEMA / Jorge Cadús
TODO ES HUMO DEL BASURAL

A lo largo del último mes, precisamente desde el último martes 3 de julio, el horizonte sur de Alcorta se ha visto inundando por columnas de humo, producto de la quema en el vertedero a cielo abierto de la localidad. Humo corriendo -animal perezoso y constante- hacia los descampados camino a Bombal, o desembocando voraz y agrio en las barriadas del pueblo, ante la indiferencia de las autoridades de la Comuna local -que nunca aplicó el Protocolo de actuación para este caso de siniestros- y el silencio de los medios de comunicación afines, cooptados por la pauta publicitaria. Un silencio proporcional al enojo y la bronca creciendo bajito en los arrabales olvidados.


En el fin de semana previo al 9 de julio, la quema volvió a arder: el basural a cielo abierto de Alcorta vomitó una vez más su densa bocanada de humo sobre los barrios del pueblo.
Las imágenes registradas por los propios vecinos -incluido el periodista de este medio, Ariel Palacios- son contundentes. El humo lo envuelve todo. Enrojece los ojos, irrita las gargantas y va agriando la boca del estómago, justo ahí donde nuestros paisanos guaraníes dicen que se esconde el alma...
La Pluma es, como siempre, la primera de las barriadas afectadas. Allí el aire es directamente irrespirable. Hay vecinos que tienen que abandonar sus hogares. En los alrededores del cementerio, Barrio Chacarita, el humo se hace sentir. El propio centro de la localidad queda atravesado por las densas y negras bocanadas. En los barrios más alejados, en la otra margen del pueblo, también se deja sentir la presencia de la quema.
Los comentarios se multiplican en las redes sociales: "No se puede respirar"; "No puedo estar en mi casa"; "Hace varios dias que está así"... Alguien suma el peligro para el tránsito en las rutas; alguien sostiene con lucidez que "en tiempos de patologías respiratorias sumamos un factor de riesgo más"; alguien resume: "Todos contaminados".
La Secretaria de Ambiente de la Comuna, Ana Repetto, brilla por su ausencia. Alguien se comunica con el presidente comunal, Rubén Ranzuglia. El máximo mandatario responde, que "no se puede hacer nada, que no hay solución".

Sin embargo, sí se puede hacer algo.
La última quema se registró el 7 de septiembre de 2016. Entonces, desde la Comuna de Alcorta se convocó al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Alcorta. Después de tres días de labor, de más de 1.000.000 de litros de agua y de 250 litros de combustible, y las horas extras de personal que reguló el tránisto sobre Ruta Francisco Netri -pagadas por la gestión de María Eugenia de la Fuente-, el fuego –y el humo- cesó. Un par de días después, desde el gobierno comunal, y bajo la denuncia de la propia de la Fuente, se solicitó la necesaria investigación.

Pero también es necesaria la acción a largo plazo en busca de una solución. En un camino que tiene múltiples aristas, con una generación de basura diaria que roza las 20 toneladas, es indispensable que Alcorta retome el camino de pensar las alternativas posibles a la hora de plantear un modelo de disposición de residuos que tenga en cuenta el cuidado del entorno.
El camino es lento y oneroso, pero necesario y urgente, para las pequeñas Comunas o Municipios: la basura generada por más de 1.600.000 santafesinos -hablamos de la mitad de los habitantes de la provincia- se vuelca en basurales a cielo abierto, por fuera de la legislación vigente.

La ley que regula la disposición de residuos sólidos urbanos -conocida como Ley de Basura Cero- es la Número 13.055, sancionada en el año 2009. Su organismo de aplicación es la Secretaría de Medio Ambiente de la provincia. La normativa provincial establece sanciones para aquellas localidades que no avancen en el correcto procesamiento de los residuos; incluye obligatoriamente pensar en procesos de recuperación y reciclado de materiales e impulsa la creación de empresas y cooperativas que generan trabajo y mano de obra a partir del reciclado. Esa norma establece como método de disposición final de residuos "la realización de rellenos sanitarios en base a pautas técnicas para garantizar la seguridad de este tipo de obra de ingeniería"; establece cronogramas de "reducción del envío a rellenos sanitarios de los residuos reciclables"; y pone plazos para la erradicación de basurales a cielo abierto. En forma paralela, ese marco legal insta a las localidades santafesinas a "asociarse con el fin de trabajar conjuntamente en la búsqueda de soluciones a la problemática de los residuos sólidos urbanos".

Sin dudas, el inconveniente a superar es el relacionado con los costos de operación que demanda el funcionamiento de los llamados "rellenos sanitarios", acorde a las medidas medioambientales. Desde las Comunas de la región coinciden en señalar que el Ministerio de Medio Ambiente provincial aporta "recursos técnicos para apoyar y continuar impulsando la creación de consorcios", que no debe necesariamente responder a un modelo rígido. "Más allá de la voluntad de los intendentes, la dificultad principal pasa a ser la plata de operación para todos los meses. Por eso la ley no impone un formato, ni crea una forma jurídica única sobre cómo se debe avanzar en la conformación de los consorcios. La provincia ha permitido que se formen de acuerdo a sus identidades, a las rutas que los unen y a los convenios que pueden existir entre las ciudades", expresa en ese sentido el subsecretario de Gestión Ambiental de la provincia, Edgardo Seguro.
En relación a los fondos que requiere el procesamiento de la basura, desde el gobierno provincial ponen la pelota en territorio de los gobiernos locales, planteando acoplar los costos por esos nuevos servicios a la Tasa General de Inmueble de cada localidad: "nunca los municipios y comunas pusieron tasas que tengan que ver con el tratamiento de residuos, porque no lo hacían. Entonces, hoy es una tasa nueva, y hay que explicarle a la comunidad por qué la deberían pagar y cuál sería el nuevo servicio", señalan.

El 27 de julio del 2017, en la Sala de la Sociedad Española de nuestra localidad, los presidentes comunales de las localidades de Acebal, Carmen del Sauce, Coronel Domínguez, Pavón Arriba, Peyrano, Máximo Paz, Santa Teresa y Alcorta suscribieron un Acta Acuerdo de compromiso para la creación, reconocimiento y conformación del Consorcio Regional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos Pago de los Arroyos. De esa forma, esas comunidades del sur provincial comenzaban a adecuarse a la Ley Provincial 13.055 -conocida como Basura Cero-, que tiene como principio fundamental la reducción en la generación de residuos sólidos urbanos, la separación selectiva, la recuperación y el reciclado. El Acta Acuerdo avanzaba en un proyecto que intenta coordinar el trabajo conjunto de estas localidades con el objetivo común de terminar con los vertederos a cielo abierto; y requiere -todavía- determinar el lugar donde ubicar el relleno sanitario que demanda la legislación para el depósito de los residuos.

Bajo el gobierno de la Alianza Cambiemos, la Comuna de Alcorta abandonó ese proyecto, y el trabajo emprendido en los últimos años. Ese horizonte asfixiado es, apenas, un botón de muestra del plan de gobierno de la Alianza Cambiemos en Alcorta. Para decirlo con todas las letras: la quema arde por decisión de la Comuna de Alcorta. El vertedero está saturado, y hay que hacer espacio. Para la gestión de Rubén Ranzuglia y la Alianza Cambiemos, la única forma es la combustión.
El humo voraz devorando la localidad también es resultado de esa decisión política.

Hacia 1971, ese genial escritor y poeta lunfardo llamado Julián Centeya (en rigor, Amleto Vergiati) escribió su novela El Vaciadero de Villa Soldati. Allí reflejó parte de un paisaje que es todos los paisajes: "duro como el lomo de sus calles de tierra que se vuelve barrio chirle cuando la lluvia viene en descolgaduras, que arrecia un viento agrio que de no tener color sería el de la basura que dio paso, creación, al vaciadero. Es un paraje solo", escribió Centeya.
Y dio forma, en su descarnado relato, a los aromas y los colores que surgen de esas soledades: "el vaciadero tiene el color que ha tomado de todas sus miserias: la miseria de no tener plata y la miseria de no tener alma. La ciudad descarga durante todo el día lo que le sobra de basura. Y la basura, que suma millones de toneladas, sigue revolcándose".
"Que el vaciadero se acaba no es noticia nueva -escribe Julián Centeya en 1971-. Se viene diciendo desde hace muchos años. De cuando eran otros tiempos. Después, la cosa quedó en lo que siempre quedan las cosas: en nada..."

IMAGEN: Ariel Palacios

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Jorge Cadús: Es periodista. Es redactor de la revista Postales, de Prensa Regional (edición papel) y colaborador de varias páginas web de noticias. Forma parte del grupo editor del Proyecto Alapalabra, de Madres de Plaza 25 de Mayo de Rosario. Publicó "Postales de un desierto verde" (Tropiya ediciones, 2005); "Un tiempo ayer ceniza. Historias de la dictadura en el sur de la provincia de Santa Fe" (EMR, 2006) junto a Facundo Toscanini; "Combatiendo al capital. 1973-1976. Rucci, sindicatos y Triple A en el sur santafesino" (EMR, 2009), en colaboración con Ariel Palacios; "La Transa. Crónicas del narcotráfico" (Grupo Editor Postales) y "Los días que vivimos en peligro. La destrucción del trabajo en la región" (Editorial La Chispa, 2018). En TV fue director periodístico de "Audiencia Debida. Crónicas del sur", "Estación Sur. En los rieles de la patria" y "Tercer Tiempo. El relato salvaje" (Cablevisión Alcorta / Sacks Paz Televisora). Actualmente produce y conduce diariamente "Estación Sur" en Radio Imagen (Alcorta, 106.7 Mhz) y FM Libertad (Wheelwright, 103.5).